Comentario Nº 111, 15 de abril de 2003
¿Conmoción y espanto?
Los halcones estadounidenses nos habían prometido "conmoción y espanto". ¿Lo han cumplido? Creen que sí. ¿Pero a quién se suponía que debían conmocionar y espantar? En primer lugar, al régimen iraquí y a sus seguidores internos. Estados Unidos ha ganado militarmente la guerra con bastante rapidez, y quienes habíamos predicho (no sólo yo, también importantes figuras militares) que lo más probable era una guerra larga y difícil se ha demostrado que estábamos equivocados. Esa victoria relativamente rápida desbarata sin embargo, hay que decirlo, el argumento de los halcones de que el régimen iraquí suponía una seria amenaza militar.
¿Se deduce de ello que quienes pensábamos que la guerra era una insensatez estábamos equivocados en todo lo demás? No lo creo. Mi artículo en el número de julio/agosto de 2002 de Foreign Policy [http://www.foreignpolicy.com/issue_julyaug_2002/wallerstein.html], empezaba con las siguientes frases: "¿Estados Unidos en declive? Poca gente creería hoy día que es así. Los únicos que sí lo creen son los halcones estadounidenses que piden a voz en cuello planes para invertir el declive". Los halcones creen ahora que lo han conseguido. Están henchidos de confianza en sí mismos. Parecen haber adoptado el lema de Napoleón: "L'audace, l'audace, toujours l'audace". A Napoleón le fue bien... durante un tiempo.
Ni siquiera han esperado al fin de los combates para iniciar una campaña contra Siria, elegida en parte porque su política hacia Estados Unidos no es demasiado amistosa, porque desempeña un papel clave en Oriente Medio, y porque militarmente está prácticamente indefensa. Tras no haber encontrado armas de destrucción masiva en Iraq (al menos hasta la fecha), el gobierno estadounidense sugiere ahora que las encontrara en Siria. Rumsfeld la ha llamado "Estado delincuente". El presidente Bush ha dado un consejo muy simple a los sirios: tienen que cooperar con Estados Unidos.
Tras desplazarse de Afganistán a Iraq, en sucesivas campañas en las que sólo ha conseguido derrocar al régimen anterior y entregar el poder a una serie de señores de la guerra locales, ¿hará Estados Unidos lo mismo ahora desde Iraq, atacando a algún otro país? Es muy posible. Y si Siria es el siguiente, ¿cuál vendrá después? Palestina y Arabia Saudí, o Corea del Norte e Irán. Sin duda en los círculos internos del régimen estadounidense se están desarrollando ahora agrios debates sobre las prioridades. Pero que Estados Unidos seguirá con nuevas amenazas militares no parece estar en cuestión. El régimen parece estar seguro de que tiene (y está autorizado a tener) el futuro del mundo en sus manos, y no ha mostrado la menor vacilación sobre la cordura de su trayectoria. Después de todo, como preguntó en cierta ocasión Stalin, ¿con cuántas divisiones cuenta el Papa?
Aun así, conviene examinar las prioridades que parecen haber establecido. La primera parece ser la reconfiguración de Oriente Medio. Eso incluye tres elementos claves: eliminar los regímenes hostiles, socavar el poder (y quizá la integridad territorial) de Arabia Saudí, e imponer una solución a los palestinos haciéndoles aceptar un régimen de bantustanes. Por eso es por lo que han planteado inmediatamente la cuestión de Siria como una nueva "amenaza" a la seguridad de Estados Unidos.
Mientras procede a esa reorganización de Oriente Medio, Estados Unidos preferirá, creo, congelar la situación en el nordeste de Asia. Una acción militar inmediata es arriesgada, y los halcones esperan que China persuada a los norcoreanos de no dar más pasos adelante en su pretensión nuclear. Se podría entender eso como una tregua transitoria, que daría tiempo a los halcones estadounidenses para ocuparse antes de otras cuestiones, dejando a Corea del Norte para más adelante, cuando tengan las manos más libres; pero tampoco tienen intención de permitir sobrevivir al régimen norcoreano.
Apostaría a que el segundo frente prioritario es el interno. Los halcones quieren reconfigurar el presupuesto estatal estadounidense de forma que no quepan en él más gastos que los militares, y avanzarán en todos los frentes para recortar otros gastos, reduciendo los impuestos federales y privatizando tanta seguridad social y cuidados médicos como puedan. También quieren limitar la libertad de expresión de la oposición, a fin de contar con mayor libertad de acción para tratar con el resto del mundo y asegurar su perpetuación en el poder. La cuestión inmediata consiste en convertir en permanente la llamada Ley Patriótica, una de cuyas cláusulas prevé que expire al cabo de tres años. Hasta ahora la Ley Patriótica se ha utilizado sobre todo contra personas árabes o musulmanas, pero cabe esperar que las autoridades federales amplíen continuamente su alcance. En ambos frentes las elecciones de 2004 son cruciales.
Europa es probablemente la prioridad número tres. Los halcones suponen que será más duro quebrar la resistencia europea que la de Oriente Medio o la de la oposición estadounidense, por lo que probablemente esperarán un tiempo, contando con extender suficiente conmoción y espanto como para debilitar fatalmente la voluntad de los europeos. Entretanto, los halcones estadounidenses pueden decidir enviar tropas a Colombia, que Estados Unidos prepare una nueva invasión de Cuba, e ir ejercitando sus músculos por todo el planeta.
Hay que reconocer que los halcones estadounidenses piensan a lo grande. L'audace, l'audace, toujours l'audace. En ese mismo artículo de Foreign Policy, yo decía: Estados Unidos es hoy una superpotencia a la que le falta el verdadero poder, un líder mundial al que nadie sigue y pocos respetan, y una nación peligrosamente a la deriva en medio de un caos global que no puede controlar. Hoy reafirmaría esa valoración, en concreto a la luz de la conquista militar de Iraq. Mi opinión se basa en mi creencia de que el declive estadounidense en el sistema-mundo es estructural, no coyuntural; no puede invertirse. Cabría gestionarlo inteligentemente, pero eso es precisamente lo que no se está haciendo ahora.
El declive estructural tiene dos componentes esenciales: uno de ellos es económico, y el otro político/cultural. El componente económico es realmente muy simple. En términos de capacidades básicas –capital disponible, habilidades humanas, investigación y desarrollo– Europa occidental y Japón/Asia oriental están a la par con Estados Unidos. La ventaja monetaria estadounidense –el dólar como moneda de reserva– está retrocediendo y probablemente desaparecerá muy pronto. La ventaja de Estados Unidos en el terreno militar se traduce en una desventaja a largo plazo en el económico, ya que desvía capital e innovaciones de las empresas productivas. Cuando la economía-mundo comience a recuperarse de su ya bastante largo estancamiento, es muy probable que tanto a las empresas de Europa occidental como a las de Japón y Asia oriental les vaya mejor que a las estadounidenses.
Estados Unidos ha frenado ese declive económico paralizante con respecto a sus principales competidores durante treinta años empleando medios político/culturales, basándose en la legitimidad residual (como líder del mundo libre) y la prolongada existencia de la Unión Soviética. El colapso de esta última socavó gravemente esa pretensión y desencadenó la creciente anarquía del sistema-mundo –guerras "étnicas" en la antigua zona soviética, guerras civiles en muchos países africanos, las dos guerras del Golfo, el creciente cáncer de la guerra civil colombiana, y graves recesiones económicas en muchos países del Tercer Mundo.
Bajo Reagan, George Bush padre y Clinton, Estados Unidos siguió negociando con Europa occidental y Japón/Asia oriental para mantenerlos más o menos en su mismo bando en lo que han sido esencialmente luchas Norte-Sur. Con George Bush hijo los halcones han dejado de lado esa estrategia y la han sustituido por otra de machismo [sic en el original] unilateral. Ahora todos los demás, en todas partes, están mosqueados y la victoria estadounidense sobre Saddam les mosqueará aún más, no a pesar de que estén tan aterrorizados, si no precisamente por eso mismo.
En cuanto a la legitimidad, cabe decir dos cosas. En marzo, Estados Unidos tuvo que retirar una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Se trataba de una cuestión realmente importante para Estados Unidos y en la que había invertido todos sus esfuerzos, incluidas repetidas llamadas telefónicas de George Bush a líderes de todo el mundo. Fue la primera vez en 50 años en que Estados Unidos fue incapaz de conseguir una simple mayoría de nueve votos en el Consejo de Seguridad. Fue una auténtica humillación.
En segundo lugar, obsérvese el uso del término "imperial". Hasta hace dos años, hablar de imperialismo era algo reservado para la izquierda mundial. De repente, los halcones comenzaron a utilizar el término con una connotación positiva, y entonces europeos occidentales nada sospechosos de izquierdismo comenzaron también a utilizarlo, denunciando que Estados Unidos se estaba comportando de forma imperial. Y desde el colapso de Saddam Hussein, la palabra aparece en casi todos los noticiarios. Imperial(ismo) es un término deslegitimador, aunque los halcones crean inteligente utilizarlo.
El poder militar nunca ha sido suficiente en la historia del mundo para mantener la supremacía. La legitimidad es esencial, al menos una legitimidad reconocida por una parte significativa del mundo. Los halcones estadounidenses han socavado muy fundamentalmente la pretensión estadounidense de legitimidad, y con ello han debilitado irremediablemente a Estados Unidos en la arena geopolítica.
Immanuel Wallerstein (15 de abril de 2003).
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